10/11/17

El día de las librerías

Me he enterado, no hace mucho, que hoy es el día de las librerías. Debo adelantar, antes de que sigas leyendo, que eso del «día de...» es algo que no me llama mucho la atención (salvo que sea el Día D, pero esa es otra historia). Siempre he pensado que si algo merece que lo reivindiquemos, debemos hacerlo todos los días, no solo uno. No vale de nada comprarse un libro solo el día del libro.


Sin embargo, cuando me he enterado que hoy era el día de las librerías, me he dicho que debía ser responsable y dedicarles unas palabras en mi blog. ¿Por qué? Porque me encantan las librerías. Para mí sigue siendo ese lugar mágico que descubrí hace... muchos años y dónde, cuando puedo, me pierdo. Me encantan las librerías donde uno puede perderse y me disgustan mucho las tiendas que tratan los libros como si fueran mercancía. Me gusta que el librero me salude y me recomiende libros y me disgusta que cuando pregunto me responda: «Un momento, déjame que consulte el ordenador». Me alegra descubrir que un buen título siempre tiene hueco en la librería, aunque ya lo haya comprado y me entristece ver que la avalancha de novedades impida ver el bosque.

Es injusto que hoy sea el día de todas las tiendas donde venden libros. Librería es ese lugar donde se aman los libros y a sus lectores, ese lugar que huele a cuero y a madera y dónde cada libro es una oportunidad, no una apuesta o una entrada en un albarán. Quiero librerías con libreros que se hayan leído los libros, dónde realmente se pueda encontrar ese libro que no sabías que estabas buscando (como reza el acertado eslogan de la campaña). Me temo, sin embargo, que nuestra sociedad vendida al capital las está matando y cada día hay menos librerías y más tiendas de libros. Están en peligro de extinción y, en unos años, el lema de la campaña será: «adopta una».


En casa de mis padres siempre ha habido libros. Cuando vivía con ellos los compraban y leían con naturalidad y siempre he contado con un libro para la mochila y los largos trayectos en transporte público. Cuando empecé mi singladura universitaria, mi padre me dio algunos consejos. Uno de ellos fue: «ahora debes empezar tu propia biblioteca». Él se refería a libros técnicos relacionados con mis estudios; alguno de esos compré, pero cogí la idea, la amplié un poco y empecé a comprar cosas que me gustaban. Así acabé con varias estanterías en casa llenas de libros (la de la foto es una de ellas). La mayoría de los libros que tengo han salido de librerías; si le pido algo a los otros 364 días de las librerías es poder seguir comprando en ellas.