8/1/17

El primer borrador

He comentado en alguna ocasión que soy un escritor de brújula, sigo una idea, pero no un guión, pero cuando más me acerco al final, menos cierta es esta afirmación. Sabía lo que iba a pasar y los capítulos previos habían ido acotando mucho las posibilidades. De los tres últimos capítulos llegué a hacer un esquema de lo que iba a pasar (esquema que no seguí), pero fue una forma de fijar mis intenciones. Cuando se acababa el año sentí la pulsión de escribir, de escribirlo todo y el último día del año me pillo firmando la última página del epílogo de la novela «Destructor de Estrellas».

El manuscrito al completo
Ha sido un proceso bastante largo, pero estoy contento porque he sido constante. No he escrito todos los días, pero sí la mayoría y he creado una rutina diaria que ahora echo de menos cuando no puedo cumplirla. Ha sido poco más de un año, aunque tuve un parón cuando había escrito los primeros doce capítulos. Pensaba que no tenía claro hacia donde quería ir y me paré, pero el error no fue ese: me equivoqué y empecé a corregir el texto manuscrito (mecanografiarlo) cuando había llegado al primer punto de inflexión de la historia, cuando todos los personajes estaban sobre el tapete y ya se sabía cuál era el problema. Volver atrás para corregir me alejaba de la historia, me rompía el ritmo y sin saber lo que iba a pasar, las correcciones tan solo eran superficiales. Una vez comprendí que lo estaba haciendo mal, me centré solo en escribir, en avanzar en la historia y en los personajes y así llegué al final.


Cuando hice la foto anterior, iba por el capítulo 24, aún no sabía cuantos capítulos iba a tener la novela, pero sí sabía ya cómo iba a llegar al final. Eso me dio un poco de miedo porque en mi primera novela («La Guerra del Retorno», una historia de fantasía épica con la que no he logrado convencer a ningún editor) saber cómo terminaba la historia me provocó un parón de varios años. En esta ocasión ha sido al revés, saber el camino provocó el deseo de recorrerlo y de explorar los detalles que surgían a medida que iba escribiendo. Los últimos capítulos están llenos de notas a mí mismo para que añada detalles y cosas en los capítulos precedentes. Esto tampoco lo había hecho con anterioridad, pero creo que será muy bueno para la corrección posterior; la misma que decidí no continuar sin terminar de escribir la novela, por lo que estoy contento.

Esta historia empezó llamándose «Las Tres Flores» haciendo referencia a tres jóvenes con nombres de flores que creía iban a ser las protagonistas indiscutibles de la historia, pero la historia no la empecé con ellas, sino con otro personaje al que llaman el «Destructor». Fue adquiriendo un protagonismo que no esperaba hasta el punto de compartir elenco con las mencionadas. Cambiarle el nombre a «Destructor de Estrellas» fue natural y, además, relaciona esta historia con el Destructor de Mundos con quién comparte bastantes personajes, aunque la historia no es la segunda parte de la primera (no la he escrito con esa intención). Lo mismo que me pasó con el Destructor, me pasó con otros dos personajes y creo que lo único que quedó del título original es el tres pues la historia está contada desde tres narradores diferentes próximos a personajes cercanos a los protagonistas. No suelo ser tan estructurado y me preocupó que el resultado diera problemas en las escenas finales cuando todo confluye, pero estoy muy contento del resultado final (ya veremos si sobrevive a la corrección).

Terminar el borrador manuscrito sólo es el primer paso para terminar la novela, pero es un paso importante (fundamental) y me apetecía compartirlo. Ahora estoy dejando que pasen unas semanas antes de ponerme a corregir para que las sensaciones no estén tan frescas, aunque debo decir que echo de menos el rasgar de la pluma sobre el papel. Creo que aprovecharé estas semanas para escribir algún que otro relato.