12/10/17

¿Estamos locos?

Hace unas semanas pensaba en la novela «El Destructor de Estrellas» que tendré que empezar a mover en breve y me topé con una serie de recomendaciones sobre como presentar un manuscrito a una editorial. Al principio me agradó la coincidencia de tiempos y agradecí que se hubieran tomado la molestia de escribir sobre ello. Sigo pensando que es una buena idea hacer este tipo de artículos y recomendaciones, pero debo decir que cuando terminé de leer me dije: ¿estamos locos?

¡No ha respetado el interlineado!

27/7/17

Mi paso por el Celsius 232

Allí estuve y volví muy contento de la experiencia (y cansado, pero eso es culpa mía). No puedo compararlo con otros años porque ha sido mi primera vez, pero si puedo compararlo con otros eventos y es uno de los mejores a los que he asistido (lo que incluye las Hispacon, me temo, pero no el Festival de Fuenlabrada que es una deuda que tengo). Me había quedado con ganas de ir el año pasado, pero este tuve la suerte de que me invitaran por esas cosas de rol que también hago.

Las casetas del Celsius.
Para quién no hayáis estado, el Celsius se celebra en la calle, en una plaza, con varias casetas de madera, una carpa con más stand y una sala de charlas (que a veces se les queda pequeña), unos soportales donde se pone las firmas, la ludoteca y se juegan las partidas y un edificio anexo en el que se usan algunas salas para las charlas. Creo que la ubicación, muy abierta al público, es un acierto. A diferencia de otros eventos que se encierran en edificios, que se esconden, este se muestra y hace que por la calle no solo te encuentres a los grupos de siempre, sino a un gran número de curiosos. No sé si todos eran de Avilés, pero si me dio la impresión que la ciudad se vuelca con el Celsius. Y la organización les corresponde haciendo actividades para ellos (como el cine al aire libre o talleres para niños).

La carpa desde la mesa, al fondo más stand.
Confieso que cuando vi el programa de actividades me dio un poco de miedo; todas las charlas podían resumirse en un «he venido a hablar de mi libro», no había ningún «estudio de los verbos irregulares preposicionales en la obra de Sanderson». Debo decir que me equivoqué, de lo que me alegro mucho. Los organizadores del Celsius tienen a una serie de presentadores (sospecho que la mayoría son parte de la organización) que se encargan de presentar y conducir las charlas y hacer las preguntas pertinentes para que el ponente hable de cosas interesantes (además de su libro). Yo tuve la suerte de contar con Jorge Etchegoyen en mis tres charlas y fue un lujo, pero vi la misma estrategia en las otras charlas a las que acudí como oyente. No sé si el Celsius ha tenido suerte con sus presentadores o les ha dado un cursillo sobre cómo gestionar una charla, pero funciona. Todas las charlas a las que fui, fueron amenas, pero creo que una de las mejores pruebas de ello es la gran cantidad de gente que asistía a ellas. Y una cosa que me sorprendió bastante es que la edad era bastante baja; mucho lector joven en las charlas lo que, sin duda, es una agradable noticia.

A mí me gusta mirar los libros, ver las portadas, ver los títulos, ver las tendencias y si alguno me llama la atención pues pregunto o lo hojeo; no soporto que el tendero me aborde, me pregunte, me acose. En general todos los stands eran muy atentos y apetecía visitarlos varias veces (saludos a Ediciones Cerbero y Hangar Rebelde), pero había dos casetas con una estrategia de abordarte, preguntarte y recomendarte libros que ni siquiera te interesan que espantaban a la gente. Y no, «es el nuevo Juego de Tronos español» no es una buena estrategia comercial. No diré sus nombres para no hacerles publicidad, pero sé que no fui el único que se sintió molesto. El año que viene no me pillan.

He venido a hablar de mi libro.
Espero que mi participación en el Celsius haya sido del agrado de los asistentes a las charlas. Me encontré muy a gusto, surgieron temas interesantes y me obligaron a pensar en cosas que nunca había tomado en consideración (como cuáles consideraba yo que eran los juegos más representativos de cada época y por qué). Me hicieron firmar libros (lo que siempre alimenta el ego del escritor) y compartí dos de mis charlas con Dhaunae de Vir (todo un lujo constatar su pasión por su trabajo). También hice una partida de Comandos de Guerra en los soportales (¡rol en la calle!) y acabé muy contento, unos jugadores estupendos y una muy buena experiencia.

Gabriella y Cotrina, unos maestros en muchos aspectos.
Como he comentado, el Celsius está en la calle y la plaza donde se hace está rodeada de bares con terrazas, un acierto también. Siempre estaban llenas con gente hablando de literatura y de libros. Lástima que esas conversaciones no se graben porque algunas fueron muy interesantes. Añoro el Celsius, sus libros, sus cervezas en las terrazas y el verano por debajo de los 30º; creo que volveré el año que viene.

Nota: las fotos las ha publicado Celsius en su cuenta de twitter. Suyo es el mérito, si queréis ver más fotos, artículos y comentarios: https://twitter.com/festivalcelsius 

10/7/17

Juan Carlos y el Celsius 232


Me han invitado a asistir al Celsius 232 (un detalle) donde participaré en algunas charlas y realizaré alguna partida de rol. Estoy especialmente contento porque aunque ya me habían invitado en alguna ocasión a algún certamen de literatura, tenía muchas ganas de conocer el Celsius (la Semana Negra, cuando estuve, me desilusionó mucho). Así que para allá iré del 19 al 22 de julio (en pocos días ya).

Participaré como ponente en estas charlas:

  • Encuentro Sombra (Jueves 20 a las 11:30). Me han dicho que me harán preguntas incómodas sobre mi faceta de escritor, editor y distribuidor. Es lo mal de hacer tantas cosas, que pueden preguntarte muchas cosas incómodas.
  • Mesa Redonda «Comunidades de Rol: Biblioteca Oscura y Sombra» (Jueves 20 a las 18:10). En esta charla también estará Dhaunae de Vir. Me han invitado para que hable de nuestra experiencia con las Ambientaciones Dinámicas y como las gestionamos. Aprovecharé para hablar de nuestro próximo proyecto en este campo al que llamamos Juego Compartido.
  • Mesa Redonda «Nuestros 40 años de rol» (Viernes 21 a las 11:30). Según me han contado, esta es una charla que hacen todos los años en la que los invitados comentan juegos de diferentes épocas y porque consideran que son relevantes para el rol. Comparto mesa también con Dhaunae de Vir y aún tengo que decidir cuáles serán mis juegos de referencia (nunca había pensado en ello).

Encontraréis todas las charlas de juegos del Celsius en este enlace. Y si queréis conocer más detalles de Celsius, esta es su página: celsius232.es.

Además de la charla y de la partida (aún no sé el horario de esta) estaré estos días por allí, así que si alguno quiere pasarse a saludar (o a conocer mis libros), puede pasarse por el stand de Hangar Rebelde en la misma feria. No voy a estar allí permanentemente (mis libros sí), pero ellos sabrán donde estaré. De todas formas, soy fácil de reconocer: soy el del sombrero blanco con cara de estar perdido.

Firmando libros en la Feria del Libro de Madrid con Atlántica (y Cthulhu)

4/7/17

Marca: La Guerra del Retorno

Hace muchos años, a pesar de mi ateísmo militante de aquellos tiempos, me hice una pregunta como una hipótesis: ¿Y si el salto de las religiones politeístas a las monoteístas fuera de verdad? ¿Y si los dioses hubieran combatido entre ellos, en plan nórdico o griego, hasta que solo quedó uno de ellos? ¿Y si hubiera sido verdad? Fruto de esa idea fue el germen de una idea, de un mundo de fantasía que me obsesionó bastante tiempo. He vuelto a toparme con la vieja carpeta donde está contenido todo este mundo y el recuerdo me ha hecho escribir esta entrada.

La vieja carpeta

Llamé Marca al mundo porque los territorios humanos recibían el nombre de "marcos", un trasunto de naciones, pero luego descubrí que Marca era sólo el nombre de uno de los tres continentes de ese mundo que compartían una zona helada en el norte del mismo y se estiraban, más o menos alargados, hacia el ecuador del mundo. El mapa del mundo parecía un trébol (o una garra), pero nunca llegué a detallarlo del todo, solo el continente original, aunque este, por esas cosas de la inexperiencia llegué a trabajarlo mucho: genealogías, mapas climáticos, idiomas, batallas, etc. Pasé mucho más tiempo creando el mundo que escribiéndolo y no lo hice de una forma disciplinada, como trabajo ahora, sino en los ratos que tenía entre clase y clase, en casa y demás. La carpeta está llena de cuadernos con notas, con dibujos (muy malos), incluso tengo una libreta con un idioma entero con diez declinaciones para los sustantivos y cinco para los verbos (hoy me parece impresionante que llegara a hacer algo así con lo mal que se me daba el latín). Podría decir que tanto trabajo fue culpa del rol, al que ya jugaba, pero la verdad es que nunca jugué partida alguna en este mundo (tenía otro para ello, Eriloe) y creo que fue debido a la estúpida creencia, de aquellos años, que la creación rolera no estaba a la altura de la creación literaria, que si jugaba en Marca la mancharía. Hoy ya no pienso así, pero sigo encontrándome mucha gente que comete el mismo error que yo cometí.

Genealogías, mapas, clima, etc.

La idea del mundo es que los elwees (así se llamaban los dioses a sí mismos en su idioma) decidieron crear cada uno una especie para poblar el mundo que ellos habían creado, pero había una serie de «normas creativas» para evitar trampas (y para evitar que ninguna de las criaturas les quitara el puesto). El caso es que ninguno de los elwees fue fiel al pacto y se saltaron las normas como quisieron. Entonces Dôr, que era el dios supremo, decretó que la tierra la heredaría la raza que sobreviviera. Toda la historia del mundo es una guerra, más o menos continua, en la que algunas razas se extinguen y los elwees van muriendo. La novela que escribí, la Guerra del Retorno, hablaba de los últimos años de ese mundo, de cuando la última de las razas consigue imponerse a las demás y todos los elwees menos uno han desaparecido. La novela tiene muchas referencias cristianas, aunque no religiosas, y como una vez la describí: Marca es la mitología antes del paraíso.

La novela no ha tenido una trayectoria feliz. La construcción del mundo se llevó más tiempo que la escritura y al final la escribí porque una editorial me pidió una novela de fantasía y me dije que era el momento. Me costó acabarla (una vez supe lo que iba a pasar, perdí interés por escribirlo), pero acabé haciéndolo. Por desgracia, la editorial que me había hecho el encargo cambió de opinión con respecto a la edición de novelas (no había tenido fortuna con las publicaciones previas) y la historia se quedó en un limbo unos años (mientras duró el contrato). Llegué a la fase final de un concurso y la he mandado, sin respuesta aún, a varias editoriales. Yo creo que es un buen texto, pero reconozco que la fantasía heroica no está muy de moda en la actualidad.

He visitado Marca en varias ocasiones con relatos e historias y un cuento ambientado en esa ambientación fue publicado en el Visiones 2004: Cerco y Caída de la Ciudad de Kurtion. No sé si los lectores de mi blog estarán interesados en oír hablar de Marca, pero si es así, quizás sus habitantes y sus historias vuelvan a aparecer por aquí. O quizás solo sea nostalgia.

18/5/17

Diccionario Temático

En la pasada feria del libro de Valencia me encontré, entre otros, con Santiago Álvarez, autor (conócelo) de varias novelas de género negro, una persona simpática y accesible y un gran conocedor y defensor del programa Scrivener. Yo no uso ese programa por mi forma de escribir (escritor de brújula), pero tampoco lo he echado de menos. La breve charla y que ya he terminado de corregir la novela «El Destructor de Estrellas» que andaba escribiendo y estoy en ese momento de espera mientras los lectores cero me devuelven su impresión sobre ella, me ha dado por pensar en las herramientas que he utilizado para el libro y, sobre todo, en las que he echado de menos.


23/4/17

Día del Libro

No recuerdo cuando empezó mi afición a leer, pero sí sé que empecé leyendo teatro y literatura juvenil. Lo primero por culpa de mi abuelo (en realidad de mi padre que se quedó con algunos de sus libros) que trabajaba en el teatro y tenía copia de las obras en la que había participado (y alguna más); eran comedias de Jardiel Poncela y Alfonso Paso en su mayoría. Lo segundo gracias a mi padre y a mi madre que se subscribieron a una colección de literatura juvenil donde descubrí a Asimov, a Verne, a Wells, a Lem, a Capek y a otros tantos otros.


Sí sé, sin embargo, cuando me enamoré de la literatura (que más tarde se convertiría en el impulso de escribir). Nació en las clases de lengua y literatura de 1º de bachillerato (en el instituto de Móstoles al que iba en aquella época) de la mano de un profesor que se llamaba D. José (y si alguna vez supe el apellido, lo olvidé para mi vergüenza). Este hombre hizo dos cosas: recomendarnos un libro y leernos fragmentos de otros. Además de los ladrillos que obligaban a leer aquellos días (y no estoy diciendo que el Quijote, cuyo autor homenajeamos hoy, no sea una lectura interesante, lo que digo es que no es una lectura para esas edades), nos sugirió un título, de forma más o menos personalizada, a cada alumno. A mí me recomendó «Sexta Galería» de Martín Vigil. No empecé el libro con muchas esperanzas, pero lo acabé pensando: «¡Ah!, ¿pero esto se podía hacer en los libros?». No he vuelto a leer esa novela. Sospecho que si la leyera ahora me desilusionaría y le vería cosas que antes me pasaron desapercibidas, pero la forma de contar varias historias dentro de historias y los diferentes personajes unidos en la misma tragedia me enamoro.

De las lecturas de Don José, que hacía en los últimos diez minutos de la clase, no siempre, recuerdo los fragmentos de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós; el sitio de Zaragoza o la batalla de Trafalgar aún me producen escalofríos a la hora de recordarlo. Don José era un profesor duro. Había que estudiar bastante para aprobar su asignatura, pero sabía contagiar el amor por la literatura y era capaz de leer en voz alta y entonar como nadie.



En este Día del Libro me gusta comentar los libros que acabo de terminar o empezar. Como sabéis, tengo la manía de leerme varios libros a la vez, pero estoy intentando moderarme. Acabo de terminar Mitología de Nueva York, el libro propuesto por el club de lectura al que pertenezco (y que no me ha gustado mucho) y estoy leyendo Carbono Alterado de Richard Morgan (lo acabo de empezar en el ebook así que no puedo decir mucho de él). También he empezado en papel la Saga de Hongara de A. Thorkent (este autor me encanta, pero voy despacio porque la portada me da cierto repelús) y Firefight de Sanderson (que no ha conseguido engancharme).  Fuera de la literatura estoy leyendo otros libros: Hexplora! (un libro sobre creación de sandbox) y Never Unprepared (que es una guía de Vecchione sobre la preparación de partidas que me han prestado y que, al estar en inglés, me cuesta un poco más, pero me está gustado).

¿Y vosotros, qué estáis leyendo?

3/4/17

El diccionario personal

No me gustan las líneas rojas que aparecen debajo de las palabras erróneas cuando escribes en un procesador de texto (de las verdes gramaticales hablaré otro día). Me despistan, hacen que pierda la concentración y que me fije y pregunte: ¿por qué están marcadas? En algunos casos son errores tipográficos pues me he comido alguna letra y lo soluciono, en otros son palabras que el procesador desconoce pero están bien, le digo que se las aprenda y prosigo, pero en algunos casos, son palabras inventadas, aunque están bien escritas.



El problema que tengo con Exo, con la novela y los libros del juego, es que muchas palabras son inventadas: los nombres de las razas, los gentilicios de razas y planetas, algunas palabras que hemos supuesto que evolucionarían con el progreso científico (no hablamos de geopolítica sino de galactopolítica, no decimos autos sino aeros) y, como es natural, un montón de jerga como emtradre, mem, modium, EPR. Cuando en un párrafo aparecen varios de estos términos con los errores habituales, es muy desconcertante. Llegas a dudar si Cunningham, el antiguo almirante de la sexta flota, se llamaba así o te falta alguna letra. Lo dicho, me desconcentra.

26/3/17

El capítulo 22

Sigo corrigiendo la novela «El Destructor de Estrellas» y, a diferencia de otros escritores a los que les he leído que corregir es una tortura, está siendo una experiencia bastante interesante, con mucha reflexión y reconocimiento. Como he comentado en alguna ocasión, primero escribo a mano y la primera corrección la hago mientras mecanografío el manuscrito. Ahora ya tengo claro por donde transita la novela y puedo fijarme e introducir todos esos detalles que hacen que la historia sea más redonda y que el final esté siempre a la vista, pero oculto entre todas las palabras.



Una de las cosas en las que estoy poniendo cuidado es en el narrador (en realidad, narradores) de la historia. Mientras escribí el primer manuscrito, aunque tenía claro que no quería un narrador con la capacidad de leer en el interior de todos los personajes, no fui disciplinado y, en ocasiones, se me escapaba alguna reflexión de un personaje del que, en realidad, no podíamos saber qué estaba pensando al no estar el narrador junto a él. Esto me ha llevado a reescribir algunas escenas o añadirlas para que la información, si era importante, llegara al lector. En ocasiones, la escena ha desaparecido por completo.

En el capítulo 22, motivo de esta reflexión en mi abandonado blog de escritor, ha sido difícil e interesante de forma especial. En ese punto de la trama un grupo de personajes (que procede de la unión de otros dos) se encontraba con otro grupo de personajes y tenía que narrar el encuentro con tres narradores diferentes en el mismo capítulo. No había sido nada disciplinado y en el capítulo original manuscrito, un narrador omnisciente se había hecho cargo de todo, hablaba por todos los personajes y conocía el nombre y las inquietudes de todos. Era una solución sencilla, pero chirriaba con los capítulos precedentes y o bien cambiaba toda la novela o bien me arremangaba y volvía a escribir ese capítulo. Esto último hice.

Al final, aparecen los tres narradores en el capítulo. Pensaba que se iba a quedar en dos, pero en la escena final he necesitado al tercero. Una consecuencia del cambio de narrador es que cuando el de un grupo habla del otro grupo, no los menciona con su nombre sino por su apariencia o por sus gestos y viceversa cuando ocurre al contrario. Por ejemplo, quién para un narrador es Diana para el otro es la militar. Creo que estas son esas cosas en las que luego el lector no se fija, pero que harán de este capítulo uno de los mejores de la novela.


Me quedan muy pocos ya para el final y así tener un borrador que pasar a mis lectores cero.

18/1/17

Los Narradores

Me está costando mucho mantenerme alejado del primer borrador de la novela. Intento mantenerme ocupado escribiendo otras cosas, enviando relatos a revistas (por cierto, nueva revista: Windumanoth), escribiendo este artículo para el blog o leyendo algunos libros. Estoy consiguiendo no reescribir, pero es difícil no pensar en él. Mi cabeza me traiciona.


Unos de esos libros que acaba de añadirse a mi biblioteca me ha hecho pensar en los narradores de la novela y en los puntos de vista, pero antes de hablar de ello permitidme un comentario sobre el libro. «Las estrategias del narrador» (editorial Alba) llegó a mí tras la lectura de «El arte de reescribir: pulir el diamante narrativo» de Silvia Adela Kohan (en la misma editorial). Los libros de ayuda para escritores suelen contar siempre las mismas cosas, pero este segundo, el de reescribir, me gustó bastante porque aprendí cosas que no sabía; por eso me decidí por el del narrador que es de la misma autora. Me ha sorprendido menos, pero no es un mal libro. En general, los libros de ayuda a la escritura no son una mala inversión, aunque llega un momento que te parecen todos similares.

8/1/17

El primer borrador

He comentado en alguna ocasión que soy un escritor de brújula, sigo una idea, pero no un guión, pero cuando más me acerco al final, menos cierta es esta afirmación. Sabía lo que iba a pasar y los capítulos previos habían ido acotando mucho las posibilidades. De los tres últimos capítulos llegué a hacer un esquema de lo que iba a pasar (esquema que no seguí), pero fue una forma de fijar mis intenciones. Cuando se acababa el año sentí la pulsión de escribir, de escribirlo todo y el último día del año me pillo firmando la última página del epílogo de la novela «Destructor de Estrellas».

El manuscrito al completo
Ha sido un proceso bastante largo, pero estoy contento porque he sido constante. No he escrito todos los días, pero sí la mayoría y he creado una rutina diaria que ahora echo de menos cuando no puedo cumplirla. Ha sido poco más de un año, aunque tuve un parón cuando había escrito los primeros doce capítulos. Pensaba que no tenía claro hacia donde quería ir y me paré, pero el error no fue ese: me equivoqué y empecé a corregir el texto manuscrito (mecanografiarlo) cuando había llegado al primer punto de inflexión de la historia, cuando todos los personajes estaban sobre el tapete y ya se sabía cuál era el problema. Volver atrás para corregir me alejaba de la historia, me rompía el ritmo y sin saber lo que iba a pasar, las correcciones tan solo eran superficiales. Una vez comprendí que lo estaba haciendo mal, me centré solo en escribir, en avanzar en la historia y en los personajes y así llegué al final.